La procesión que salía del Pi, organizada por la Archicofradía de la Sangre el Jueves Santo, había llegado a ser la más importante de Barcelona y participaban muchos colectivos como la nobleza, las instituciones y los gremios. También muchos iban a verla, e incluso venía gente de los pueblos de alrededor, como nos cuenta Joan Amades en su Costumari Catalán. Es por esta razón que la procesión se convirtió en uno de los actos más señalados del calendario festivo de Barcelona contribuyendo a hacer de nuestra basílica un punto de referencia muy popular desde finales del siglo XVIII y durante todo el XIX.
Los gremios que participaban rivalizaban en sacar los misterios procesionales, «pasos», más bonitos y de más mérito artístico y por eso, en 1817, el Gremio de los Revendedores encargó a Damià Campeny, apenas vuelto de Roma donde había ido a estudiar escultura, un misterio espectacular que enseguida se convirtió en la estrella de la procesión. Este era el primer trabajo barcelonés de Campeny, que llegaría a convertirse en uno de los mejores escultores catalanes de la primera mitad del siglo XIX.
El misterio, el único de la antigua procesión que se conserva entero, representa justo el momento de cerrar el sepulcro de Jesús. Se puede ver a José de Arimatea y a Nicodemo cerrando la losa que el cierra y en las figuras de María, San Juan y Magdalena expresando su dolor por la muerte del hijo y el maestro. El conjunto es una composición totalmente neoclásica, estilo que, en su nivel más puro, fue introducido por Campeny precisamente con este misterio. Cabe destacar el parihuela o peana que lo soporta y que era llevado en brazos por los bastaixos alquilados por la ocasión. Este parihuela es un mueble de mucha calidad con una exquisita talla de madera dorada con aplicaciones de metales nobles.
Ahora, el Museo Nacional de Arte de Cataluña, propietario de la pieza, la ha restaurado completamente y se ha avenido amablemente a cedernos-la para exponerla en un contexto muy a propósito: nuestra basílica. A partir de ahora podrá contemplar esta obra tan importante para la Ciudad formando parte de nuestro museo y devolviendo así al lugar por donde fue hecha, y cerca también de los que la encargaron: los Revendedores. Provisionalmente se situará en la capilla de la Dormición mientras no se ponga a punto la sala donde será definitivamente expuesta en el contexto de una exposición sobre la Procesión de la Sangre.

Jordi Sacasas