Capilla de la Dormición de María

 

Dedicada en un primer momento a San Gabriel y San Alejo y más tarde a la Virgen del Rosario. Des de finales del siglo XV y hasta el siglo XVIII estaba colocado el primer órgano documentado de la iglesia, seguramente elevado sobre una tribuna de madera. Des del siglo XVII en esta capilla también se veneraba la imagen de la Virgen dormida. Esta representación, proveniente del mundo ortodoxo griego, se popularizó a partir del siglo XV, especialmente en el ámbito mediterráneo. Durante la octava del 15 de agosto, fiesta de la Asunción de Maria, se colocaba un retablo efímero en medio de la nave que representaba a María dormida en un gran lecho. La estructura, de una considerable complicación escénica y elementos aéreos, se montaba y desmontaba para la ocasión y la resta del año se dejaba la imagen en esta capilla para su veneración. El lecho actual fue encargado hacía 1800. En su factura están documentados los Picanyol, una familia de tallistas muy vinculados a la parroquia del Pi que también trabajaron en el paso procesional de los revendedores, junto a Damià Campeny, y en las famosas andas de la octava de Corpus conocidas como “l’Àngel Tort”, encargado al escultor Adrià Ferran. Este tipo de estructuras desmontables llegaron a ser muy comunes en los territorios de la Corona de Aragón. Durante la Guerra Civil la mayoría de lechos de Dormición desaparecieron, a excepción del de la Catedral de Gerona y el de la iglesia del Pi, actualmente los únicos antiguos conservados en Cataluña.

La Deposición de Nuestro Señor Jesucristo en el Sepulcro (1816-1817)

Damià Campeny i Estrany (1771-1855)

Talla de madera dorada y policromada, tela encartonada i aplicaciones metálicas

Obra cedida por el MNAC: 037753-000

La procesión de Jueves Santo, que organizaba la Archicofradía de la Sangre des de la iglesia del Pi, era la más importante y multitudinaria de Barcelona. Tanto que incluso gente de fuera de la ciudad venia a verla. A la procesión salían diferentes misterios o pasos, narrando las diferentes estaciones de la Pasión de Cristo, que llevaban diversos gremios o agrupaciones de Barcelona. En 1816 el gremio de Tenderos Revendedores encargó al escultor Damià Campeny (que acababa de regresar de Roma), la factura de su nuevo misterio; la Deposición de Nuestro Señor Jesucristo en el Sepulcro. Para Campeny representaba la primera oportunidad de promocionarse en la ciudad y de poner en práctica todo lo aprendido en Roma, y para los Tenderos Revendedores suponía un encargo en busca de la modernidad y el prestigio del que siempre hacían gala a través de obras de calidad, como ya habían hecho años antes con el encargo del nuevo retablo de San Miguel del Pi. Al año siguiente el salió el misterio a procesión con gran admiración de todo el mundo. Campeny se valió de toda su pericia para crear un grupo escultórico innovador, tanto en composición como en técnicas, y utilizando las formas más elegantes del neoclasicismo romano, patentes en el mueble y las figuras. El misterio de los Revendedores, como popularmente se le llamaba, continuó saliendo a la procesión de Jueves Santo hasta que esta dejó de hacerse, hacía 1860. Desde entonces quedó guardado en el palacio del gremio hasta la llegada dela Guerra Civil, cuando fue llevada a Pedralbes junto con otros bienes patrimoniales. Entonces inició un periplo hasta terminar en el MNAC, que lo restauró en ocasión de la exposición temporal “El museu explora. Obres d’art a examen” y posteriormente lo cedió en deposito a la basílica.

© Basílica de Santa Maria del Pi, Albert Cortés
Retablo de la Virgen de Rosario antes de 1936.
Lecho de la Dormición montado para la fiesta de la Asunción.