Una de las primeras cosas que siempre explicamos a la gente que viene a visitar nuestra basílica es que se trata de un templo de estilo gótico catalán.
El gótico catalán (o meridional) tiene unas características propias que lo diferencian del de otros territorios de Europa. Una de ellas es que el edificio tiene poca decoración escultórica, tanto en el interior como en el exterior, y la que está la encontramos concentrada en lugares muy concretos: los portales de entrada, los capiteles interiores de la nave y las claves de bóveda. Esta sobriedad ornamental contribuye a resaltar la pureza formal de la iglesia y la hace más solemne y majestuosa a la vista.
Con todo esto, no nos pasa por alto la calidad de la escultura de las claves de bóveda de la nave, quizás las más bellas de la ciudad.

Las ocho claves de bóveda que coronan cada tramada de la iglesia y que estabilizan la cubierta representan escenas relacionadas con la Virgen, nuestra titular, excepto la clave de bóveda del presbiterio, que representa a Cristo en Majestad rodeado del tetramorfo. Esta es también la más grande de todas, llegando a los 2,05 metros de diámetro.

Las demás, empezando desde el presbiterio hasta la entrada, escenifican la Anunciación (tramo 1), la Natividad (tramo 2), la Epifanía (tramo 3), la Presentación de Cristo en el Templo (tramo 4), las Tres Marías ante el Sepulcro (tramo 5), Pentecostés (tramo 6) y finalmente, la Coronación de María (tramo 7).

Muchas de las claves de bóveda, tienen los escudos de la Casa Real de Aragón, de Barcelona y del Pi esculpidos en el tronco por las dos bandas.
Nuestras claves han tenido que pasar por muchas vicisitudes: durante el sitio de 1714 una de las bombas que se disparaban contra la ciudad cayó sobre la cubierta y de resultas de ello parte de la bóveda del ábside se desplomó y destruyó el magnífico retablo renacentista del Altar Mayor. Después fueron encaladas y repintadas para las fiestas de beatificación de San José Oriol (1806) y durante la destrucción de 1936, el calor provocada por el incendio afectó todo el techo y en agrietó varias, que se rehicieron posteriormente . En el museo de la basílica podrá ver algunos fragmentos y notará que conservan los colores originales del siglo XIV. Por ello, explicábamos antes, que la mayoría ha perdido su policromía original, salvo la clave de bóveda de la Anunciación, que incluso conserva parte de la decoración de la plementería que había pintada a su alrededor. Si os fijáis bien, veréis que es de un color diferente al resto.
Nuestra basílica contiene multitud de pequeños tesoros. Sólo hay que levantar la cabeza y abrir bien los ojos para admirarlos.

Albert Cortés